RESILIENCIA: La elaboración de un trauma

Marisa Espina/ junio 20, 2019/ Psicología/ 0 comentarios

EL CRECIMIENTO DESDE LA ADVERSIDAD

¿Por qué algunas personas a pesar de vivir situaciones adversas y experiencias traumáticas logran salir adelante y llevan una vida satisfactoria y armoniosa? La resiliencia nos ayuda a entender cómo las personas son capaces de sobrevivir y superar situaciones adversas.  

Boris Cyrulnik, psiquiatra y psicoanalista francés y Viktor Frankl, psiquiatra vienés,  vivieron experiencias extremas y lograron sobrevivir. Viktor Frankl vivió en un campo de concentración nazi y Boris Cyrulnik contempló como sus padres fueron deportados y murieron en un campo de concentración. Ambos explican que su supervivencia fue posible debido a su actitud personal ante esas circunstancias terribles. La esperanza y el dar un sentido a su sufrimiento les ayudó a sobrevivir. Son ejemplos de personas resilientes, que a pesar de haber sufrido situaciones de abusos, maltrato,… han salido adelante y han podido llevar una vida productiva.

¿Qué es la resiliencia?

Cyrulnik señala que la resiliencia significa «la capacidad del ser humano para reponerse de un trauma y, sin quedar marcado de por vida, ser feliz» y relata:

«Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema hundiéndose inmediatamente en él. Las dos se debatían desesperadas viendo que todos sus esfuerzos resultaban infructuosos. Una de ellas pensó: «No puedo más. Es imposible escapar de aquí, y ya que voy a morir, no veo para qué prolongar esta agonía. ¿Qué sentido tiene morir agotada por realizar un esfuerzo estéril?». En seguida dejó de luchar y se hundió con rapidez hasta el fondo. Mientras que la otra se dijo: «Aunque me llegue la muerte prefiero pelear hasta el último aliento». Y siguió chapoteando sin rendirse, de tanto patalear, la crema se transformó en manteca. La rana dio un salto, alcanzó el borde, y regresó alegremente a su casa».

La resiliencia es la capacidad humana para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e incluso ser transformado y fortalecido por ellas. La resiliencia es parte del proceso evolutivo y debe ser promovido desde la niñez. Supone la integración de los aspectos positivos y negativos de la vida. Una manera para que la persona aprenda a enfrentarse con las desgracias, sea fortalecida por los sufrimientos y esté preparada para afrontar las adversidades que puedan presentarse a lo largo de la vida.

No un atributo ni una cualidad fija con la que nacemos, sino un proceso dinámico donde interactúa de manera recíproca la persona y su entorno. La resiliencia supone la posibilidad de aprender y de crecer a partir de experiencias adversas y desfavorables. Es el resultado de un equilibrio entre factores protectores, factores de riesgo y personalidad de la persona.  

¿Cómo se desarrolla la resiliencia?

Vivir una experiencia traumática es, sin duda, una situación que modifica la vida de una persona. La resiliencia es un proceso dinámico, evolutivo, se construye en el tiempo como un camino que se va recorriendo. No se adquiere de una vez para siempre. La resiliencia no es mera resistencia, ni tampoco es un rasgo de personalidad que esté permanente y que garantiza respuestas resilientes ante cualquier adversidad.

Para hablar de resiliencia son necesarios dos aspectos: primero, una situación adversa o experiencia traumática que provoca una herida en la persona y segundo, la capacidad de ésta para resistir y protegerse de la desgracia y generar una conducta positiva que le brinda un cierto grado de bienestar pese a las dificultades y adversidades.

Por tanto, la resiliencia es la capacidad de afrontar las dificultades y adversidades de una manera aceptable y socialmente correcta. 

En la construcción y desarrollo de la resiliencia son importantes la dimensión vincular, la figura de un tutor o persona significativa, las redes de apoyo y ayuda para la reparación, la transformación y la metamorfosis.

No supone una actitud de resistencia, ni significa negar el trauma, sino que es una reconstrucción.  Es un proceso – que puede ser promovido y desarrollado – que permite a la persona salir fortalecido y transformado de las experiencias traumáticas y de adversidad, logrando un despliegue de sus capacidades (emocionales, cognitivas, sociales) para alcanzar una vida significativa y productiva. Implica una fortaleza interna, unas habilidades y un apoyo o soporte social.

La resiliencia se construye como una labor de punto que teje el vínculo, en relación con otra persona significativa que ofrece un reconocimiento, un apoyo y una ayuda para recobrar el bienestar psicológico tras el trauma en cualquier momento de la vida. Es indispensable que la persona cuente con un otro significativo le ayude a superar la adversidad.

En el caso de los niños,  se denomina “tutor de resiliencia” a la persona que funciona como un sostén protector, un apoyo que proporciona confianza y acompañamiento. Por ello, es crucial entender la importancia de las figuras adultas (padres, maestros, terapeutas,…) en niños que se encuentran en situaciones desfavorables (Cyrulnik, 2002).  

Las características del “tutor de resiliencia o persona significativa” son su presencia y amor, escucha atenta y respetuosa, estímulo y gratificación afectiva ante los logros, anima e impulsa la creatividad y la iniciativa, promueve la capacidad para asimilar nuevas experiencias y ayuda a resolver problemas.

En este contexto de interacción adquiere un gran valor el relato a otra persona, ese con quien construir un relato sobre los sucesos padecidos que permite una acción transformadora. La vivencia traumática es una vivencia singular, no depende únicamente de la magnitud del suceso sino del significado atribuido y su efecto en la persona.

La persona que ha padecido una situación traumática es quien debe decir y contar con sus propias palabras lo que le sucedió. Si la persona no encuentra un significado a su dolor no desarrolla la resiliencia. Si queda atrapada en la herida, no puede dar sentido al dolor ni transformarlo. La persona es una red de relaciones, que no sólo habla de sí, sino que es hablada por otro. Gracias a estos relatos y a las interacciones con otras personas se va construyendo la resiliencia. Es difícil que una persona pueda superar la herida y el dolor producido en soledad, ya que todos dependemos y necesitamos de las personas de nuestro entorno.

El proceso terapéutico puede convertirse en un factor de promoción de resiliencia porque se acompaña a la persona en la superación de las circunstancias desfavorables, tejiendo un espacio donde pueda cambiar, reelaborar y salir fortalecido tras la vivencia de adversidad. Por tanto, los relatos que haga la persona con su entorno cercano y social sobre los sucesos padecidos juegan un papel importante.

Es necesario integrar los aspectos positivos y negativos de la vida para que la persona logre superar la experiencia dolorosa y ser fortalecido a partir de ella. Se trata de utilizar de manera adecuada los recursos internos y externos para lograr una buena adaptación personal. Recientemente me relataba una paciente cuyo marido está enfermo de cáncer: “la enfermedad nos ha ayudado a querernos más, a cuidarnos, a hablar de lo que sentimos, a valorarnos. Si no fuera por la enfermedad, sería la mejor época de mi vida”. De ahí la importancia de atribuir un significado a la situación indeseada o adversa, sea la que sea.

La película “La vida es bella nos ofrece un ejemplo de cómo el drama y la desgracia pueden ser transformados para poder vivir y cómo, lo que tranquiliza o altera al niño, es la manera en la que el padre convierte las situaciones dolorosas y terribles en emociones positivas. El padre al elegir las palabras que relatan las experiencias da otra interpretación y significado a esas situaciones.

Características de la persona resiliente

Algunas características de personalidad y del entorno pueden favorecer las respuestas resilientes como la seguridad en uno mismo y en la propia capacidad de afrontamiento, el apoyo social, tener un proyecto y metas en la vida, creer que uno puede influir en lo que sucede a su alrededor, aceptar que se puede aprender de las experiencias positivas y negativas, tener una visión positiva, ser optimista, tener sentido del humor, etc.  

La persona resiliente

  • Siente que tiene control sobre su vida.
  • Sabe cómo afrontar las dificultades de la vida.
  • Tiene empatía con los demás y se preocupa por ellos.
  • Posee buena capacidad de comunicación y de relaciones interpersonales.
  • Tiene habilidades para solucionar problemas y tomar decisiones.
  • Establece metas y expectativas realistas en su vida.
  • Es capaz de aprender del éxito y del fracaso.
  • Es compasivo.
  • Lleva una vida basada en valores.
  • Se siente a gusto consigo mismo y ayuda a los demás.
  • Es capaz de pedir ayuda cuando lo necesita. 

Tras vivir una experiencia traumática algunas personas se ven fortalecidas y experimentan cambios: cambios en uno mismo, cambios en las relaciones interpersonales y cambios en la filosofía de vida y en la espiritualidad.

Cambios en uno mismo: tienen mayor confianza en sí mismas y en sus propias capacidades para afrontar cualquier adversidad futura.

Cambios en las relaciones interpersonales: saben quiénes son sus verdaderos amigos, en quienes pueden confiar. Son compasivos y empáticos con el sufrimiento de otras personas.

Cambios en la espiritualidad y en la filosofía de vida: cambia la manera de ver el mundo, sus ideas y su escala de valores. Aprecian y valoran cosas a las que antes no daban importancia.

Recomiendo la lectura de algunos libros:

“Diario de Ana Frank” (1952)

«El hombre en busca de sentido» V. Frankl (1946)

«Los patitos feos» B. Cyrulnik (2002)

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