Marisa Espina/ abril 30, 2018/ Niños y adolescentes/ 0 comentarios

La separación de una pareja es siempre difícil, pero cuando hay hijos todo es más complicado. La separación y el divorcio es un período de gran sufrimiento para todos los miembros de la familia (padres e hijos). Supone la ruptura de la vida cotidiana y una tensión emocional importante tanto para los padres como para los hijos.

Por lo general, la vida familiar y de pareja antes de la separación suele ser conflictiva y la convivencia se ha ido deteriorando poco a poco. Nadie se separa de un día para otro. Aunque los padres les digan a sus hijos que no pasa nada entre ellos, éstos perciben que la relación entre sus padres no es buena y no suele ser una sorpresa el divorcio de sus padres.

En la separación y el divorcio todos salen perdiendo: la pareja, que ve fracasada su vida familiar y los hijos, que ya no convivirán con su padre y su madre al mismo tiempo en la misma casa.

Lo importante es tener claro que los padres se separan como pareja, no como padres. La función de padres (función parental) no termina con la separación y el divorcio, continúa para ayudar a sus hijos a crecer y a construirse como personas.  Los hijos no se divorcian de sus padres. Cuánto mejor ejerzan los padres separados su función de padres (independiente de que estén divorciados) más apoyados, atendidos y cuidados se sentirán los hijos.

 

Los padres: ¿Cómo comunicar a los hijos la decisión de la separación?

Los padres tienen que intentar crear un ambiente tranquilo y calmado para comunicar a sus hijos la decisión de su separación. Conviene que ambos padres estén presentes, darán la explicación de una manera sencilla y clara. Previamente habrán decidido qué decir y cómo.

Explicarán que la separación es una decisión conjunta, que se separan como pareja y no como padres. Aclararán que ellos, los hijos no tienen nada que ver, que ya tenían problemas y que no han causado su separación.

Evitarán crear en los hijos falsas expectativas diciendo que “nada cambiará”, “no pasará nada”, “todo continuará igual” porque no es cierto. Expondrán los cambios que se van a producir en sus vidas y la manera en que afectará a sus rutinas diarias. Haciendo hincapié que lo nunca cambiará es el amor sienten hacia ellos.

Es importante que la noticia se dé antes de que el padre o la madre se vayan y abandonen el domicilio familiar. Para los hijos es una triste noticia que les afectará.

Los padres deben intentar no hacer comentarios negativos ni de crítica al otro ex cónyuge delante de los hijos. Para los hijos, sus padres son sus padres y no quieren oír aspectos negativos de ellos. Si los padres no son capaces mantener unos límites educados y correctos entre ellos delante de los hijos esta situación producirá mucho dolor y empeorará la relación entre los ex cónyuges.

La separación y el divorcio es un acuerdo entre los padres. Los hijos no tienen que verse implicados, ni tienen que tomar partido por su madre o su padre. Deben estar fuera del conflicto. Esto es algo prioritario que los padres tienen que intentar.

Los padres no tienen que dar información detallada del motivo de la separación ni de los problemas que tienen entre ellos a los hijos.

Por lo general, el mayor problema no es la separación, sino la mala relación entre los padres.

A veces, los padres suelen consultar con un profesional (psicólogo) antes de separarse. El motivo de consulta suele ser el daño que causarán a sus hijos y cuál es la mejor manera de explicarles su decisión. Este hecho es un buen punto de partida porque indica que los padres están preocupados por sus hijos y piensan en las consecuencias que puede tener para ellos su separación.

 

 

 

 

 

 

 

Consecuencias emocionales de la separación y el divorcio en los hijos

La separación o el divorcio de los padres afecta emocionalmente a todos los miembros de la familia y los hijos pueden reaccionar de diferentes maneras. La familia es un ambiente seguro y conocido para los hijos, la separación de los padres rompe ese ambiente, se sienten indefensos y desamparados. Cada miembro de la familia tendrá que aprender a manejar esta situación.

Las reacciones emocionales y conductuales de los hijos dependerán de varios factores como la calidad del vínculo con sus padres, su edad, sus habilidades y recursos,…

Las consecuencias del divorcio de los padres no se manifestarán de la misma forma en todos los hijos, ya que cada uno es diferente y tiene su historia personal. No siempre se darán de forma inmediata tras el divorcio, sino que pueden aparecer tiempo después.

Los hijos pueden presentar diferentes síntomas emocionales como cambios bruscos de humor, irritabilidad, pesadillas, tristeza, dependencia y excesivo apego a uno de los padres, retraimiento, dificultades escolares. Son reacciones normales que pasados los momentos más duros de la separación y cuando la rutina diaria se restablezca en la vida de los padres e hijos pueden desaparecer. Sin embargo, debería consultarse con un especialista, si se mantienen en el tiempo cuando la situación de los ex- cónyuges está normalizada.

Los niños, menores de 6 años, temen la desaparición de uno de sus padres y la posibilidad de que el otro también se vaya y les abandonen, creándoles mucha angustia. Por ello, tienen estallidos de llanto, conductas exageradas de apego y de contacto físico con la madre, conductas regresivas de volver a hacer pis en la cama,  de actuar como un niño más pequeño, problemas de sueño, de conducta, etc. Pueden aparecer conductas rituales a la hora de irse a dormir que son un intento de control “mágico” ante la separación de sus padres.

Como no pueden valorar las causas y consecuencias del divorcio, por las limitaciones cognitivas propias de su edad, tienden  a pensar que son los responsables de la separación de sus padres y creen que pueden hacer algo para volverlos a juntar de nuevo. Se sienten culpables de cómo se han comportado, de lo que han pensado sobre sus padres cuando los veían discutir, quieren ser buenos e intentar que todo vuelva a ser como antes. Pueden mostrar emociones ambivalentes hacia sus padres, unas veces les quieren y otras sienten rabia y enfado. En el fondo, temen que sus padres los vayan abandonar.

Los niños, entre 6 y 12 años suelen estar preocupados por la nueva situación que les toca vivir. Se muestran inestables emocionalmente, oscilando entre pataletas y ataques de enfado y tristeza manifestada con lloros, sentimientos de rechazo y conductas agresivas. Tienden a fantasear por la posibilidad de que sus padres vuelvan a estar juntos otra vez. Sienten nostalgia por el padre ausente. Son capaces de comprender de manera más objetiva lo que sucede entre sus padres y expresar su tristeza.  En ocasiones, su rendimiento escolar desciende.

Los hijos preadolescentes suelen tener sentimientos de enfado y tienden a culpar a uno de los padres de la separación y pueden inclinarse por ponerse de parte de uno de los padres. Pueden desarrollar síntomas somáticos y depresivos y tener un descenso en su rendimiento académico.

Los hijos adolescentes tienen más habilidades y recursos personales que les permite afrontar mejor la situación de separación de sus padres. Se sienten apenados, pueden manifestar síntomas depresivos y ansiosos, tendencia al aislamiento social y emocional. Tienen la ventaja de poder contar con el apoyo de sus amigos e iguales que les ayuda a moderar los efectos de la separación.

Los hijos suelen estar enfadados porque nadie les ha consultado por la separación. Lo demuestran oponiéndose y criticando todo. Nada ni nadie les complace. Ellos no han elegido esta situación y están dolidos, por eso muestran esos sentimientos tan intensos.

Los hijos temen no poder estar con su padre o con su madre cuando quieran. Por eso, ambos padres tienen que intentar mantener unas pautas y normas de conducta adecuadas y coherentes con los hijos. Favorecer la relación de los hijos con ambos padres, ya que éstos necesitan a su madre y a su padre. Compartir momentos comunes de los hijos, interesarse por la vida escolar y de ocio de sus hijos.

A veces, las separaciones son beneficiosas porque ponen un punto y final al malestar y sufrimiento en la familia. Sin embargo, este malestar no termina, si se produce una separación conflictiva entre los padres.

Riesgos de los padres separados

Los padres tienen que ser conscientes de que la manera de proceder en el proceso de separación y divorcio influirá en sus hijos y en ellos mismos.

Existen una serie de errores y riesgos que los padres tienen que ser conscientes que pueden darse e intentar evitar.

Uno de los errores de los padres es involucrar a los hijos en sus problemas y conflictos. Así, en ocasiones, los hijos se ven obligados a cumplir unas funciones como por ejemplo, proteger a uno de los padres contra la violencia del otro progenitor, espiar, ser mensajeros o aliados de uno de ellos. A veces incluso, tienen que hacerse cargo de tareas que no les correspondería por edad como el cuidado de sus hermanos pequeños.

La madre o el padre pueden hacer que sus hijos se conviertan en “confidentes

escuchando las quejas y los reproches que dirigen al otro progenitor. Les cuentan los detalles de lo que está pasando entre los padres y les hacen partícipes de los conflictos con su ex cónyuge.

Para los hijos esta situación es dolorosa e intolerable. No quieren que les cuenten lo que pasa entre sus padres, ya saben que no se llevan bien. No quieren oír las quejas de su madre sobre su padre y viceversa.

En otras ocasiones, los padres que utilizan a sus hijos como “aliados”, buscan su colaboración  y les “obligan” a tomar partido. Se convierten en “monedas de cambio” que los padres utilizan para manipular a su ex cónyuge.

Otras veces, los hijos son los “mensajeros” para comunicar algo al otro progenitor.  Por eso, los hijos pueden mentir para no traicionar a ninguno de sus padres.

Otro error que puede suceder tras la separación y divorcio es que las madres (también puede suceder con los padres) se apoyen en sus hijos para no sentirse solas. Tienden a infantilizar a sus hijos, no permitiendo que se separen de ellas, creando una gran dependencia.

Otro riesgo es que los padres intenten comprar el cariño de sus hijos concediéndoles todos los caprichos y deseos. Los padres no tienen que comprar a sus hijos todo lo que  quieran, ni hacer todo lo que les pidan, ni decir sí a todo. Los hijos quieren que sus padres se comporten como padres. Los padres son los responsables de sus hijos y quienes tienen que enseñarles que hay cosas que pueden conseguir y otras que no.

Cuando los padres colocan a sus hijos en medio de sus conflictos y peleas, escuchando sus descalificaciones y críticas, observando su violencia verbal o física,  participando de sus confidencias, siendo sus “mensajeros”, están maltratando a sus hijos. Son madres y padres intrusivos, que no permiten que sus hijos tengan una sana crianza. No ven que su conflicto entre padres lo han trasladado a sus hijos.

Un divorcio conflictivo en los que las disputas y conflictos entre los padres se mantienen durante bastante tiempo (años incluso) es una situación estresante y dolorosa para los hijos. Los padres pueden entrar en un ciclo de conflicto que puede convertirse en crónico y duradero utilizando la vía judicial para resolver sus deasvenencias y desacuerdos. Supone entrar en un círculo vicioso en el que se percibe al ex cónyuge como “enemigo”. Esto obstaculiza la posibilidad de mantener una relación y comunicación adecuadas para continuar su tarea como padres.

Es importante que ambos padres conserven sus funciones parentales y mantengan unas relaciones fluidas cuando se trate de asuntos relacionados con sus hijos. Esto ayudará para que los hijos comprendan que la separación de sus padres era una solución para sus conflictos, pero que siempre van a estar presentes en sus vidas. Los padres se separan como pareja, no como padres. Los hijos necesitan a ambos padres, ya que cada uno de ellos cumple una función en sus vidas.

Cambios en la vida de los hijos tras la separación y divorcio de los padres

La separación y el divorcio de los padres siempre implica cambios en la vida de los hijos, que pierden la rutina diaria a la que estaban acostumbrados. Vivirán situaciones que antes no habían experimentado y harán unas actividades con su padre y otras con su madre.

Tendrán que adaptarse a vivir con solo uno de sus padres, ya no podrán convivir con su madre y su padre a la vez en el mismo domicilio. Vivirán en dos viviendas diferentes. En ocasiones, puede que tengan que cambiar de barrio o localidad e incluso de centro escolar y de actividades extra escolares.

Vivirán situaciones desconocidas hasta ese momento. Se dividirán las vacaciones entre sus padres. Los cumpleaños, las fiestas, las celebraciones familiares, etc., serán diferentes, unas con su madre y otras con su padre.

También tendrán que aprender a relacionarse con las nuevas parejas de sus padres, si aparecen en sus vidas.

La manera en que los hijos se adapten a este nuevo estilo de vida dependerá de cómo los padres aborden cada una de estas situaciones nuevas para todos.

Es importante que los padres organicen la vida de sus hijos de la mejor manera posible, ajustando el calendario a las necesidades y actividades de los hijos, respetando sus rutinas: sus clases extraescolares, los cumpleaños de los amigos, …

Observaciones e indicaciones generales

Los padres son los responsables de sus hijos. Deben evitar discutir delante de los hijos y no hablar mal del padre o de la madre. Los hijos necesitan de su padre y de su madre para su desarrollo personal y emocional

Los padres deben ser claros explicando a sus hijos que la separación supone el fin de su relación como pareja, que han dejado de quererse. Pero que continúan siguen siendo sus padres y que siempre estarán con ellos.

Es necesario que los padres se pongan de acuerdo cómo van a manejar la educación de sus hijos. Conviene que intenten lograr un equilibrio para que un padre no sea más permisivo o que consienta más que el otro.

Deben evitar los conflictos de lealtades con sus hijos y que se conviertan en “mensajeros” entre los padres evitando “dile a tu padre que… o dile a tu madre que…”.

Si el padre o la madre rehacen su vida y tienen una nueva pareja deben intentar que sus hijos acepten esta situación poco a poco, sin forzar. Los padres tienen que aclarar que su nueva pareja no es su padre ni su madre.

Los padres deben evitar comprar a sus hijos con regalos, dinero o permitiéndoles hacer lo que quieran. Los hijos necesitan padres que les pongan reglas y límites en sus vidas.

Si trancurrido un tiempo tras el divorcio, los padres observan que sus hijos no se encuentran bien psicológicamente y muestran los problemas de conducta, agresividad, dificultades escolares, etc., deberían solicitar ayuda psicológica.

 

 

 

 

 

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