Marisa Espina/ abril 7, 2017/ Escuela de padres/ 0 comments

“¡Qué difícil es la tarea de educar!” es una afirmación que muchos padres dicen. Algunos incluso se atreven a señalar que nadie les ha dado un libro de instrucciones, ni formación necesaria para ello sino que tienen que ir aprendiendo día a día, por ensayo y error.

La aspiración de la mayoría de los padres es que sus hijos se conviertan en buenas personas, responsables, buenos profesionales el día de mañana, hombres y mujeres de provecho. ¡Qué complicada es esta tarea! Pero hay un punto de partida importante a tener en cuenta: no hay padres perfectos, ni hijos perfectos.

No hay recetas para educar bien. Todos aprendemos de nuestras experiencias y de nuestros errores si vivimos las consecuencias de los mismos. Los padres pueden cometer errores en la educación de sus hijos, pero por suerte estos errores se ven compensados por las numerosas veces que hacen lo correcto y actúan con sentido común. Es importante reconocer que las decisiones de los padres están influidas por cómo han sido educados, y por tanto, no hay que intentar compensar a los hijos por lo que uno no ha recibido en la niñez.

Y los niños, ¿qué quieren? El mayor deseo de los hijos es que sus padres estén pendientes de ellos, que les guíen y les ayuden en su vida. No quieren que sean sus amigos, para ello ya tienen a sus compañeros del colegio. Necesitan unos padres con autoridad, que les digan lo que está bien o mal, lo que pueden o no hacer, que les pongan límites. La permisividad y la sobreprotección no ayudan a los hijos, es más se educa a niños incapaces de tolerar la frustración. Un niño es como una antena parabólica: se entera de todo, lo imita todo y aprende más de lo que ve que de lo que le dicen sus padres.

Para finalizar una frase de un proverbio africano recogida por D. José Antonio Marina, catedrático de filosofía: “para educar a un niño se necesita toda una tribu”.

Mucho ánimo a todos los padres.

About Marisa Espina

Doctora en Psicología. Especialista en: Trastornos de Ansiedad, Depresión, Trastornos del Comportamiento Alimentario, Trastornos Psicosomáticos