Marisa Espina/ enero 2, 2018/ Escuela de padres/ 0 comments

Los niños y sus juegos

La infancia es un período de gran crecimiento y desarrollo y el juego es la actividad favorita de los niños. Cuando los niños juegan desarrollan sus destrezas físicas, sus capacidades intelectuales, su inteligencia emocional y sus habilidades sociales. Fomentan y enriquecen su creatividad, su imaginación, su capacidad de atención, concentración y memoria. Afianzan su personalidad, aprenden a respetar y  a obedecer las normas de conducta,…, y además, se divierten, disfrutan y se entretienen.

A los niños, jugar les sirve para entender y explorar el entorno que les rodea, para adaptarse a él, para experimentar y recrear la realidad. En el juego, el niño crea su propio mundo, expresa lo que le sucede y se puede permitir repetir lo que le ha ocurrido o impresionado, puede acercarse a sus emociones agradables o desagradables y experimentarlas y repetirlas de nuevo. En sus juegos, los niños tratan de hacer por sí mismos aquello que les da miedo, que les excita o que les han hecho a ellos. Es una manera de dominar el mundo exterior. Así, por ejemplo, los niños reproducen en sus juegos lo que les pasa en el colegio o en el médico. Estas vivencias son reproducidas de un modo activo: serán la profesora y reñirán o premiarán al muñeco correspondiente. O serán el médico y su muñeco el paciente y le pasará lo que a ellos les ha sucedido. El juego es una representación simbólica de la realidad.

“Un niño juega no sólo para repetir situaciones placenteras, sino también para elaborar las que le resultaron dolorosas o traumáticas” (S. Freud). Mediante el juego, el niño puede expresar una gran cantidad de emociones como la frustración, el ser rechazado, el enfado, los celos, la rabia, el amor, la culpa, … que siente hacia las personas reales de su entorno (hermanos, padres, amigos, compañeros, …). Le permite manifestar y dar solución a las vivencias que le angustian, a sus miedos, temores, tensiones,… Por ejemplo, una niña que tiene celos de su hermano pequeño castiga a su muñeco sin que le ocurra nada, algo que no puede hacer con su hermano en la vida real.  Jugando los niños van creando mecanismos adaptativos.

El juego simbólico es el juego por excelencia. Jugar que un bolígrafo es un avión o una caja de cartón es una casa es un acto creativo y supone la asimilación del mundo de los adultos por parte del niño. El niño crea una ficción propia, singular, ya que elige situaciones vividas o fantaseadas y las reproduce y repite según su deseo, juega “como si”. La capacidad de simbolización permite al niño distinguir entre sus deseos y emociones y las de los demás, a la vez que diferencia entre realidad interna y realidad externa.

¿Por qué los niños juegan?  Respuestas variadas: porque obtienen placer, porque se divierten y se entretienen, porque les permiten expresar emociones diversas como la agresividad, la rabia, el enfado, los celos,… porque les ayuda a controlar su ansiedad y sus miedos, porque adquieren nuevas experiencias y habilidades, porque se relacionan con sus iguales.

El juego es una actividad placentera, espontánea, voluntaria y creada por el propio niño, donde ocurre lo que el niño desea o se propone, es él quien inicia la actividad y ejerce de maestro de ceremonias. Su participación es activa, despliega sus capacidades y habilidades, puede fantasear y fabular. Cuando un niño juega, no sabe nunca cómo terminará ese juego. Lo propio del juego es lo inesperado, es un desafío.

Cuando juegan, los niños no se preocupan mucho por los resultados, van modificando lo que están haciendo según sus intereses y fantasías. Les gusta cambiar de actividad.  Si observamos a un niño jugando con piezas de construcción, por ejemplo, nos sorprenderemos de la cantidad y diversidad de construcciones y combinaciones que introducen.

Jugando el niño se desarrolla y madura psíquicamente. El niño y sus juegos son inseparables, cambian y se modifican el uno al otro. El juego está constituido de fantasía, motricidad y palabra.

Los juegos varían con la edad, con el momento evolutivo, con las características del niño y con sus propios conflictos. Los niños pueden jugar solos, con juguetes y en grupo. El juego estimula en el niño su capacidad de autonomía, autoconfianza, socialización y esfuerzo.

Cada edad tiene unos juguetes apropiados, pero el juguete no es lo importante, sino en el placer que obtiene el niño a través de él.  No necesitan tener juguetes costosos, para los niños cualquier objeto o material les sirve para realizar juegos como por ejemplo, una caja, un lápiz, una hoja… Necesitan tener tiempo y espacio para jugar, crearán sus propios juegos y disfrutarán con ellos, cultivando su imaginación y fantasía.

No hay que olvidar que los juguetes son representaciones de la realidad y los niños pueden cambiar el significado del juguete. Así, por ejemplo, un coche puede ser un personaje que tiene sentimientos y movimientos. El niño sabe que los juguetes no son reales, pero juega a “como si fueran reales”.

Es importante que los niños jueguen pero la calidad del juego es importante. Hay que promover juegos con los que los niños disfruten. Jugar no es perder el tiempo, estimula su imaginación y su fantasía, base de la capacidad creadora. Les educa y enseña a relacionarse consigo mismos y con los otros niños, favoreciendo la socialización.

Si un niño no puede jugar es porque no se encuentra bien psicológicamente, ya que el juego es la dramatización y la escenificación de la vida real. Mediante el juego, el niño crea una situación de ficción, puede representar el papel que desea, escenificar las actividades que realizan los adultos y que él no puede realizar, muestra su relación particular con la realidad.

Los juegos colectivos o en grupo y actividades deportivas que los niños realizan en interacción con sus iguales constituyen un aprendizaje cooperativo: aprenden a aceptar y respetar las reglas, a competir, a compartir roles. Por ejemplo, el fútbol, el baloncesto, el balonmano,… tienen unas reglas que tienen que aceptar, unas pautas de comportamiento a cumplir. Son juegos que no se practican individualmente, es necesaria la participación de varios niños para alcanzar una meta común. Además, hay una serie de roles que cumplir: portero, defensa, pívot, base, alero, … Tienen que respetar y cumplir unas normas y límites, aceptar sus derechos y deberes y respetar los derechos y deberes de sus compañeros de juego. Los juegos colectivos permiten la integración de los niños en la vida social con sus compañeros e iguales y fomentan el respeto a los demás, la cooperación.

El juego es imprescindible para el desarrollo de los niños porque es una manera interactuar con la realidad, favorece la socialización y la comunicación con los iguales y los adultos. Creemos las condiciones para que los niños jueguen.

https://www.planetadelibros.com.mx/libro-el-nino-y-sus-juegos/147751

http://assets.mheducation.es/bcv/guide/capitulo/8448171519.pdf

 

About Marisa Espina

Doctora en Psicología. Especialista en: Trastornos de Ansiedad, Depresión, Trastornos del Comportamiento Alimentario, Trastornos Psicosomáticos