Marisa Espina/ junio 5, 2017/ Adultos/ 0 comments

La vida es un proceso continuo de adaptación y el estrés es consecuencia de la sociedad en la que vivimos, en la que estamos sometidos a exigencias y presiones a las que a veces no sabemos dar respuesta. El término estrés se ha convertido en una palabra habitual en nuestra sociedad, que se utiliza en muchos de los ámbitos de nuestra vida cotidiana, en las conversaciones diarias y en los medios de comunicación. Su uso generalizado se ha extendido tanto que la expresión “estar estresado” alude a estados como “estar nervioso”, “estar ansioso” o “con una gran sobrecarga de trabajo”.

El estrés puede entenderse como una sobrecarga excesiva que depende de las demandas de la situación y de los recursos que la persona tiene para afrontar dicha situación. Así, cuánto mayores sean las demandas de la situación y menores los recursos, la sobrecarga o el estrés será mayor.

Entender el papel que juega el estrés en la vida de las personas ha sido uno de los campos de investigación de la psicología.

No existe una definición clara y general del concepto de estrés. Se han propuesto varios modelos teóricos que han tratado de explicar la incidencia del estrés en la conducta humana y en la emergencia de los trastornos psicológicos.

Modelos basados en el estrés como respuesta

El estrés como respuesta se centra en las respuestas individuales que dan las personas durante situaciones estresantes, es decir, los cambios psicológicos, fisiológicos y metabólicos que se producen en el organismo. Se activa una gran cantidad de recursos extraordinarios que supone un desgaste para el organismo. Si la intensidad, la duración y la frecuencia del estímulo estresante son excesivas, la respuesta de estrés que desencadena produce determinadas alteraciones fisiológicas (asma, hipertensión, sudoración, etc.), metabólicas (hiperglucemia, hipercolesterolemia, etc.) y psicológicas (depresión, ansiedad, cambios de humor, etc.). El interés se centra en las respuestas características del estrés (fisiológicas, psicológicas y conductuales) con independencia del estímulo o estresor. Cuando una persona anticipa la ocurrencia de sucesos negativos pone en marcha una activación psicofisiológica a veces mantenida durante largo tiempo.

Modelos basados en el estrés como estímulo

En este modelo el estrés es conceptualizado como un estímulo o una característica de la situación que desorganiza o tiene una demanda excesiva sobre el individuo. El interés se centra en la identificación de las situaciones o condiciones estresantes y su medición. Los sucesos vitales o situaciones estresantes son experiencias objetivas que desorganizan o amenazan con desorganizar el estilo de vida habitual de la persona, causando un reajuste en su conducta.

Ejemplos de situaciones estresantes que implican una fuerte demanda de recursos personales son: catástrofes naturales, separación o divorcio, muerte de un ser querido, pérdida de empleo, etc.

Así, se ha relacionado el estrés, valorado por las escalas de sucesos vitales, con diversas enfermedades físicas y trastornos psicológicos como la depresión, los trastornos de ansiedad, los trastornos de alimentación y el abuso de sustancias, entre otros.

Modelos basados en el estrés como interacción individuo – ambiente

La variabilidad en la respuesta de estrés no puede ser explicada haciendo referencia únicamente a las condiciones ambientales sin tener en cuenta las características de la persona, ya que lo que es estresante para un sujeto en un momento dado no lo es para otro. En este modelo el estrés se define en términos de transacciones o interacciones entre la persona y el ambiente acentuando los factores psicológicos que actúan entre los estímulos (estresores) y las respuestas de estrés.

El estrés psicológico es definido como “una relación particular entre el individuo y el entorno que es evaluado por éste como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar” (Lazarus, 1986). Esta definición subraya la importancia de los procesos cognitivos de modo que un suceso o estresor será estresante únicamente si el individuo así lo percibe, dándole al individuo un papel activo.

Primero, la persona valora las consecuencias del suceso para su bienestar. Si la situación no tiene implicaciones para la persona se valorará como irrelevante y ésta no experimentará reacciones negativas. Si es valorada como positiva, entonces la persona espera consecuencias positivas logrando un bienestar que genera emociones positivas como alegría, felicidad, tranquilidad.

Por el contrario, si la situación es valorada como estresante, amenazante o desbordante implica la movilización de las estrategias o recursos de afrontamiento. Así,  la persona  analiza sus habilidades para hacer frente a la situación estresante mediante las respuestas y recursos de afrontamiento disponibles. Es una evaluación dirigida a determinar qué puede hacerse. La persona evalúa si puede hacer frente a la situación con éxito y está condicionada por las capacidades y recursos que tenga.

Si los recursos de afrontamiento son valorados como inadecuados, aunque en realidad no lo sean, producirán una mayor sobrecarga y una mayor reacción de estrés y, por tanto, un peor aprovechamiento de los recursos de afrontamiento.

Finalmente se produce la reevaluación o una nueva evaluación de la situación realizada por la persona en base a la nueva información obtenida del entorno o de sus propias reacciones ante éste, con el objeto de modificar o cambiar la situación. Es un proceso de reevaluación continuo en el que se determinará el grado de estrés y la calidad de la respuesta emocional.

Modelos de vulnerabilidad al estrés

Los modelos anteriormente expuestos han reconocido que el estrés contribuye al desarrollo y mantenimiento de los trastornos psicopatológicos, siendo un factor determinante en los mismos.  Sin embargo, el hecho de que no todos los individuos que experimentan sucesos estresantes desarrollan un trastorno psicológico ha conducido al reconocimiento de que hay factores de vulnerabilidad que predisponen a algunos individuos a la psicopatología cuando se enfrentan a los sucesos estresantes. Estos modelos combinan la vulnerabilidad y el estrés como procesos que conducen al trastorno en un proceso interactivo.

Así, determinados sucesos son considerados estresantes si el individuo los valora como tal y tienen en cuenta otras fuentes de estrés como la acumulación de estresores o molestias diarias, sucesos vitales negativos, los factores socioeconómicos, etc. También toman en consideración otros factores importantes. Uno es que algunos sucesos estresantes que suceden a las personas son resultado de las conductas y acciones de las propias personas. Por ejemplo, una persona con déficit en habilidades sociales puede tener relaciones interpersonales difíciles con sus conocidos, compañeros de trabajo o amigos íntimos que genere estrés. Los individuos vulnerables, o aquellos con un trastorno, pueden jugar un papel activo en la creación de su propio estrés.

Un  segundo factor es el proceso de evaluación de lo que es percibido como estresante. Es decir, el estrés no es independiente de la valoración del individuo. Hay un número de sucesos que son valorados universalmente como estresantes (p.ej., la muerte de un ser querido), pero incluso en esos casos las diferencias individuales marcan el grado en que dicho suceso estresante es percibido y experimentado. En otras ocasiones, algunas personas pueden percibir los sucesos como estresantes y experimentarlos como tal, mientras que otros los consideran como no estresantes, o al menos mínimamente estresantes.

Este modelo también se fija en aquellos estresores que son próximos al inicio del trastorno. Los estresores que suceden en la infancia pueden influir  en cómo se afronta posteriormente en la vida los sucesos estresantes e incluso aumentar a susceptibilidad para padecer un trastorno.

Por tanto, la perspectiva de vulnerabilidad al estrés intenta explicar por qué los sucesos estresantes aparecen relacionados con la psicopatología en unos individuos y no en otros. Los factores de vulnerabilidad representan aspectos estables de un individuo que hacen que tenga más probabilidades que otros de desarrollar síntomas psicopatológicos. Los factores de vulnerabilidad pueden ser factores genéticos, procesos biológicos, estructuras cognitivas, formas inadaptadas de interactuar con otras personas, estilos de apego inseguro y déficits en regulación emocional, entre otros.

Así, los individuos que poseen factores de vulnerabilidad tienen más probabilidad de experimentar síntomas de psicopatología en presencia de sucesos vitales estresantes. En ausencia de dichos estresores, los individuos que poseen estos factores de vulnerabilidad no tienen más probabilidad que otras personas de exhibir síntomas psicopatológicos

La manera particular que cada persona tenga para atender, percibir, interpretar y recordar los sucesos negativos contribuye a la vulnerabilidad para desarrollar un trastorno psicopatológico en presencia de sucesos vitales negativos. Estos modelos sugieren que variables específicas combinadas de una determinada manera pueden generar un trastorno.

About Marisa Espina

Doctora en Psicología. Especialista en: Trastornos de Ansiedad, Depresión, Trastornos del Comportamiento Alimentario, Trastornos Psicosomáticos