Marisa Espina/ febrero 25, 2018/ Adultos/ 0 comments

¿Por qué estamos ansiosos y nos angustiamos? ¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un estado de inquietud, sentimiento de amenaza y temor indefinido que se acompaña de diversas sensaciones corporales. Esta tensión o nerviosismo puede expresarse a través de manifestaciones físicas, síntomas psicológicos y conductuales.

De hecho, un cierto grado de ansiedad puede aparecer en una persona que lleve una vida activa y se enfrente a tensiones profesionales, sociales y personales. Es una manera de dar respuesta a las tensiones y malestares, en ocasiones excesivos, de la vida diaria y a las dificultades y conflictos que aparecen en las relaciones con otras personas.

Pero solamente algunas personas experimentan síntomas de ansiedad que dificulta y limita su vida. La ansiedad es un mecanismo evolutivo de defensa y tiene una función adaptativa, ya que, es una señal de aviso de que algo va mal. Se manifiesta cuando la persona interpreta alguna situación como una posible amenaza.

La ansiedad puede desencadenarse por una variedad de factores o situaciones de  frustración, sufrimiento o decepción como los engaños amorosos o una ruptura de pareja, dificultades o presión en el trabajo, problemas económicos, cambios laborales importantes, discusiones graves, pérdida de un ser querido, etc.  También puede producirse por falta de sueño, enfermedad física, abuso de alcohol o drogas, accidentes de tráfico, etc.

Muchas personas sufren situaciones de fracasos, dificultades y pérdidas  sin manifestar, a pesar de ello, síntomas de ansiedad. Otras, en cambio, presentan síntomas de ansiedad sin que exista una situación especialmente grave y significativa que provoque esa inquietud y tensión. Ello es debido a que algunas personas son más vulnerables y tienen,  por tanto, una mayor predisposición a padecer ansiedad.

La ansiedad se convierte en un problema cuando los síntomas no se ajustan a las situaciones, ocurren con frecuencia, son graves y desagradables, la intensidad es excesiva, duran mucho tiempo, paralizan y hacen sentirse indefensa a la persona y le impiden hacer lo que desea hacer.

Generalmente está asociada a situaciones vitales que la persona vive de manera exagerada y poco realista. Ante dichas situaciones, la persona suele pensar que: “no voy a poder soportarlo”, “es horrible”, “me va a dar un infarto”, “me voy a volver loco”.

Existen diversos grados de ansiedad, variando desde una simple sensación de inquietud, pasando por una intranquilidad persistente, sensación de peligro, inquietud psicomotora, etc., hasta crisis de ansiedad, estados de pánico y terror.

Ansiedad y miedo ¿son lo mismo?

El miedo, a diferencia de la ansiedad, es el temor a algo conocido, es decir, la amenaza o peligro que lo origina es conocido, externo y definido. Un ejemplo de ello es el miedo a los perros, si la persona en algún momento de su vida ha tenido un percance con alguno. En cambio, la ansiedad es el temor a algo desconocido, la amenaza no está definida, ni está centrada en algo externo.

La ansiedad es, sobre todo, algo que se siente. Un sentimiento de malestar difuso que se manifiesta en el ámbito psicológico y somático, que repercute en el funcionamiento y la actividad de la persona. Suelen aparecer una amplia variedad de síntomas somáticos: un inicio repentino de palpitaciones, dolor torácico, sensación de asfixia, mareo,… La persona siente miedo a morir. A la vez, siente un desasosiego interno y tiene miedo a perder el control de sí mismo.

La ansiedad puede presentarse de forma continuada o en episodios de gran intensidad. Cuando la persona sufre una crisis de ansiedad con frecuencia desarrolla un temor progresivo a que se repitan los episodios, es la ansiedad anticipatoria.

Normalmente, se diferencia la ansiedad de rasgo, de la de estado. La ansiedad – rasgo hace referencia a los rasgos de carácter, no comienza cuando aparecen las crisis de ansiedad sino que son característicos de la estructura de personalidad de la persona. Una forma de ser ansiosa, con una inseguridad e inquietud constantes en la vida diaria y en el comportamiento. Cualquier situación nueva o suceso imprevisto provoca y reactiva ansiedad y desasosiego. Por ejemplo, una molestia corporal se siente como síntoma de una enfermedad grave. Es un rasgo permanente en la vida de la persona o en su mayor parte. No se limita a ninguna situación ambiental o externa particular.

La ansiedad – estado hace referencia a una situación determinada en el tiempo aunque puede prolongarse. Un ejemplo de ello es la crisis de ansiedad que puede sufrir una persona ante un accidente de tráfico.

Clínica de la ansiedad

Los síntomas de ansiedad pueden ser diferentes de una persona a otra. Existe una amplia variedad de síntomas que generan mucho malestar a la persona.

Los síntomas varían en función de la intensidad y la frecuencia con la que aparecen. Cuanto más frecuente es la aparición de los síntomas, mayor es el miedo que siente la persona. Y por tanto, mayores niveles de ansiedad.

Por lo general, la persona que sufre ansiedad racionaliza los síntomas somáticos y suele acudir al médico voluntariamente. Suele consultar por los síntomas somáticos de la ansiedad que le causan gran malestar. La persona piensa que tiene alguna enfermedad que produce y justifica los síntomas. Busca que el médico le comprenda y le haga las pruebas y tratamientos necesarios para eliminar su malestar.

Manifestaciones físicas

  • Palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado. Dolor o malestar en el pecho.
  • Dificultad para respirar y sensación de ahogo.
  • Sudoración.
  • Temblor o sacudidas.
  • Sequedad en la boca (no debida a medicación o deshidratación), con la sensación de tener un “nudo en la garganta”, de no poder tragar nada o tener la boca seca.
  • Náuseas o malestar abdominal (p.ej., estómago revuelto).
  • Sofocos de calor o escalofríos.
  • Aturdimiento o sensaciones de hormigueo.
  • Tensión, dolores o molestias musculares.
  • Sensación de mareo, inestabilidad o desvanecimiento.

Síntomas psicológicos relacionados con el estado mental

  • Sentimiento de temor: miedo a perder el control, a volverse loco o a perder la conciencia.
  • Miedo a morir.
  • Sensación de que los objetos son irreales (desrealización) o de que uno mismo está distante o “no realmente aquí” (despersonalización).
  • Inquietud e incapacidad para relajarse.
  • Sentimiento de estar al “límite” o bajo presión, o de tensión mental.
  • Respuesta exagerada a pequeñas sorpresas o sobresaltos
  • Dificultad para concentrarse o quedarse con la “mente en blanco”, a causa de la preocupación o ansiedad.
  • Irritabilidad persistente.
  • Dificultad para conciliar el sueño debido a las preocupaciones.

Por lo general, la persona sufre alguna contrariedad o una situación que le desborda y aparecen los síntomas. Empieza a notar un dolor en el pecho y su corazón se acelera sin una explicación aparente. Al inicio, suele pensar que le está dando un ataque al corazón y que va a morir. Es un síntoma desagradable que genera mucha ansiedad y nerviosismo.

También suele tener dificultad al respirar con sensación de ahogo y falta de aire, aparecen suspiros, accesos de tos nerviosa,… La persona se pone muy nerviosa y  respira agitadamente, hiperventilando lo cual genera más ansiedad. Pueden aparecer sudoración, temblores, sensación de nudo en el estómago, mareos,…

Junto con las manifestaciones somáticas aparecen síntomas psicológicos cuya principal característica es el sentimiento de temor y angustia que provoca una actitud de alerta y genera mucha tensión. La persona tiene diversos temores: a perder el control sobre sí mismo, a volverse loco, a padecer una enfermedad somática grave, e incluso, a morir. Podría resumirse como temor a perder el control.

La persona siente un gran desasosiego e intranquilidad de manera constante. Está muy nervioso sin que exista una circunstancia concreta que lo justifique. No es capaz de controlar su estado de ansiedad y tensión que le agota.

Tras sufrir crisis de ansiedad y sin lograr que nada lo alivie, la persona piensa que no puede aguantar más esa situación. Cada vez está más irritable, con cambios rápidos de estado de ánimo, no puede dominar su nerviosismo e incluso empieza a evitar situaciones que le producen ansiedad o actuar de manera acelerada haciendo cosas que antes no había hecho.

En ocasiones, la persona puede sentir que todo lo que le rodea no es real, es lo que se llama desrealización o despersonalización.

Debido al elevado estado de nerviosismo y activación, la persona tiene dificultades para para concentrarse, aumentando la distraibilidad y disminuyendo la atención, creándole una gran fatiga intelectual.

Suele tener el sueño alterado con insomnio, retraso en la conciliación, interrupciones por despertares y pesadillas nocturnas y sensación de sueño no reparador.

Además como la persona está tan preocupada tiende a la “rumiación”, a darle vueltas a un problema en exceso. Todo ello vuelve a la persona en malhumorada, irritable e hiper vigilante.

Suele tener pensamientos negativos recurrentes, siente que pierde el control sobre su entorno, con una visión pesimista y con tendencia a valorar los sucesos de un modo negativo.

Su manera de hablar puede ser especial. Puede presentar dificultades para iniciar o seguir una conversación o, por el contrario, tener una verborrea excesiva. Incluso puede bloquearse o quedarse en blanco a la hora de preguntar o responder y dificultades para expresar opiniones

A veces puede llegar a sentir que su vida es como un sueño, pierde por completo el concepto de “realidad”. Esto hace que la sensación de volverse loco aumente y los síntomas se incrementen.

No todas las personas tienen los mismos síntomas y la intensidad de los mismos varía en cada persona. Cada persona es más vulnerable a unos u otros síntomas, según su predisposición biológica y psicológica.

¿Cuándo es necesario acudir o consultar con un especialista: psiquiatra o psicólogo?

  • Si las manifestaciones físicas y los síntomas psicológicos de la ansiedad son frecuentes.
  • Si la intensidad de los síntomas de ansiedad es grande, supone un problema para el bienestar de la persona y limita sus actividades diarias.
  • Si la duración de los episodios ansiosos es cada vez más amplia.
  • Si la ansiedad afecta o interfiere a otras áreas de la vida de la persona con frecuencia.
  • Si la persona ha intentado varias soluciones y los síntomas de ansiedad persisten.

Algunas recomendaciones

  • Evite el consumo de estimulantes como anfetaminas y cocaína que pueden producir síntomas de ansiedad e incluso crisis de pánico.
  • Evite consumir café o bebidas que contengan cafeína (refrescos de cola), ya que pueden provocar un incremento de intranquilidad e hiperactividad, temblor, taquicardia, insomnio…
  • Evite consumir alcohol.
  • Adquiera unos hábitos de higiene del sueño adecuados.
  • Realice ejercicio físico regular.
  • Aprenda técnicas de relajación y respiración.
  • Realice una actividad de ocio o afición relajante.
  • La familia y los amigos son muy importantes. Es conveniente que le ofrezcan su apoyo. No deben subestimar ni infravalorar las quejas de las personas ansiosas, ni por supuesto, pensar que es posible una mejoría sin tratamiento psicológico y farmacológico. No culpabilizar a la persona.

 

 

 

 

 

About Marisa Espina

Doctora en Psicología. Especialista en: Trastornos de Ansiedad, Depresión, Trastornos del Comportamiento Alimentario, Trastornos Psicosomáticos